¿Está a salvo nuestra privacidad?

La privacidad de nuestros datos personales es crítica para muchos de nosotros, sobre todo con la proliferación de servicios online que nos exigen dar información sensible y personal para poder hacer uso de los mismos. Por ejemplo, un eCommerce nos ha de pedir datos de identificación, una dirección de entrega (que muchas veces es el domicilio), y el sistema de pago requerirá un número de tarjeta, también en la mayor parte de los casos.

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Uno de los mecanismos que ayudan a proteger nuestra privacidad es la anonimización de los datos, es decir, el proceso por el cual se desvincula un dato de interés de un dato personal, hasta el punto que la identificación personal a partir del dato anonimizado no sea posible mediante “todos los medios que puedan ser razonablemente utilizados”.

En el contexto de Big Data, entre otros, en los que se manejan cantidades ingentes de datos que generamos todos nosotros, la virtud del anonimato es clave. No solo es deseable, sino que debe ser obligatoria: no se pueden asociar los datos recogidos con personas físicas o jurídicas, de ahí que los datos anonimizados cobren mayor importancia.

La Agencia Española de Protección de Datos dispone de una guía al respecto que trata de orientarnos sobre el proceso de anonimización, y nos muestra las garantías que se han de satisfacer al respecto. Es decir, con esta guía podemos saber qué garantiza exactamente el proceso de anonimización. Se puede descargar en este enlace: “Orientaciones y garantías en los procedimientos de anonimización de datos personales“.

la AEPD es muy clara: los datos anonimizados imposibilitan la asociación de los datos con las personas siempre que se utilicen los medios que puedan ser razonablemente utilizados”. Esto significa que mediante procesos normales los datos serán anónimos, pero si se utilizasen métodos muy sofisticados o que impliquen mucha “fuerza” de procesamiento, sería posible revertir el proceso.

Por tanto, entre dos entidades (por ejemplo, entre una empresa de servicios y la persona que contrata dicho servicio) que firmen los contratos de confidencialidad, y que se sometan a auditorías del uso de la información anonimizada por parte de su destinatario, la privacidad es completa. Pero si una de las partes actuase de mala fe, saltándose los acuerdos, no se puede garantizar una condición 100% anónima.

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